En las montañas de Nisa, vivía Sileno: el más antiguo y sabio de los sátiros, padre de su estirpe y guardián de conocimientos que los mortales difícilmente podían comprender. Las antiguas representaciones lo muestran como un ser envejecido, corpulento y casi siempre embriagado.
Cuando Dionisio aún era un niño, Hermes lo llevó hasta el monte Nisa y lo confió al cuidado de las ninfas y de Sileno. Este lo protegió, lo educó y se convirtió en su maestro y padre adoptivo. Le enseñó sobre el vino, la música, la danza y los misterios de la naturaleza. Cuando Dionisio creció, Sileno permaneció a su lado. Juntos recorrieron montañas, bosques y ciudades, celebrando la libertad, el vino y el éxtasis de estar vivos.
Durante uno de esos viajes Sileno fue capturado por el rey Midas. El rey conocía la fama del viejo sátiro y sabía que detrás de su embriaguez se escondía una comprensión extraordinaria del mundo. Por eso le formuló una pregunta que ningún mortal había logrado responder: ¿Qué es lo mejor y más deseable para el ser humano? Sileno permaneció en silencio.
Midas insistió una y otra vez, hasta obligarlo a revelar aquello que consideraba mejor no conocer. Finalmente, el viejo sátiro respondió que la mayor fortuna para el ser humano habría sido no nacer jamás y, una vez llegado a este mundo, lo segundo mejor sería morir cuanto antes.
Para Sileno, la existencia humana estaba inevitablemente unida al dolor, la pérdida y la certeza de la muerte. Su respuesta sobrevivió durante siglos. Fue recogida en el Eudemo, un diálogo perdido atribuido a Aristóteles, y posteriormente conservada por Plutarco como una de las expresiones más profundas y sombrías de la sabiduría antigua.
Sileno representa la decisión de seguir avanzando a pesar de conocer el destino. Nos recuerda que no podemos escoger haber nacido ni escapar del final, pero sí podemos decidir qué hacer con todo el camino que existe entre ambos.
Porque no es una celebración de la muerte, sino una negativa a llegar a ella sin haber vivido. Y si el final inevitablemente ha de encontrarnos, que nos encuentre en movimiento.
Pedalea hasta morir.
Sileno