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¿Hasta dónde puedo llegar en una Sátiro?

¿Hasta dónde puedo llegar en una Sátiro?

Llevo pedaleando en mi Sátiro desde la última semana de Septiembre del 2022, hace un poco más de un año. Desde entonces he ido evolucionando como ciclista, desafiándome a recorrer más distancias, conocer más lugares y más terrenos. Desde el pavimento más suave y rodador, hasta bajadas pre cordilleranas llenas de piedras afiladas; como medio de transporte en Santiago, hasta desafíos de más de 30 horas arriba de la bicicleta. Mismos neumáticos, misma transmisión, misma bicicleta: la Sátiro Sileno versión gravel.

Tener mi primera bici de gravel fue la excusa perfecta para ir un poco más allá de lo que estaba acostumbrado. Fue así que a poco tiempo de tener mi Sátiro decidí emprender mi primera salida fuera de la región. Aproveché de visitar a unos amigos en San Fernando, eso significaba 160km de ida y los mismos de vuelta. Partí un sábado temprano, con chalas y calcetines sobre mis pedales de plataforma. Subí por primera vez la cuesta Chada, un poco antes de las 10 de la mañana, y luego de cruzar Rancagua, Renco y Requinoa, a eso de las 2 de la tarde llegué a destino. Me dolía todo, estaba quemado, y dudé en ser capaz de volver al otro día en bici. El domingo partí bien temprano y el dolor de culo no demoró un minuto en hacerse notar; pero a medida que avanzaba volvían las piernas y con las piernas el buen ánimo, y así, poco a poco fueron corriendo los kilómetros.

 

A partir de ese debut fui sumando experiencia y aprendí por cierto, a base de errores. Como esa vez que fui a Olmué por el día, y en el regreso a Santiago horas más tarde mis precarios cálculos fallaron (al igual que las piernas) y me quedé sin luz bajando la cuesta La Dormida. Pedalear oscuro no es un problema en sí, pero sí lo es cuando sales con luces inadecuadas. Recomiendo el desvío a la Quebrada Alvarado y Niño Dios de las Palmas al ir de regreso por la cuesta para quienes gustan de escalar paredes (por si la Dormida de regreso no fuera suficiente).

 

La primera vez que ocupé mi Sátiro cargada para acampar modo bikepacking fue al ir a conocer Cortaderal. Cortaderal queda hacia la cordillera desde Rancagua y para llegar allí debes cruzar Coya. El lugar donde acampamos es bastante solicitado por gente que va en auto a acampar o hacer picnic a las orillas del río Cortaderal, así que si prefieres la soledad te recomiendo ir en la semana y no el finde. La bicicleta cargada se comportó increíble; rápida y ágil en las bajadas, aperrada en las subidas gracias al piñón 11-46 que le pedí a Nico que me instalara al armar mi Sátiro unos meses atrás. El camino a Cortaderal, saliendo de Coya, es pura tierra. No muchos tramos eran lo que fuera de Chile llaman “gravel”, más bien nuestra versión chilensis: mucha calamina, harta piedra, caminos “en mal estado” (pero divertidos). Hasta crucé un brazo del río pedaleando! Meterse al río Cortaderal con su agua fría fue terapéutico, renovaron mis piernas y mi espíritu.

 

El gusto de llegar a la montaña pedaleando lo he ido adquiriendo poco a poco, y es que tiene una magia especial estar rodeado de gigantes tan antiguos, y llegar en bici hasta allá te llena el corazón. Por eso mismo he ido en repetidas ocasiones al tan querido Cajón del Maipo: Lagunillas, Embalse el Yeso, Melosas, entre otros. El más querido y recordado de todos ellos, la Ruta del Cóndor. Ésa ruta sí es sabrosa, como me gusta decir. Primero debes dirigirte al pueblo de San José del Maipo, y un poco antes de llegar doblas a la izquierda hacia el Alfalfal. Una vez ahí, empieza lo bueno: un camino de tierra que al avanzar se vuelve cada vez más desafiante y maravilloso; mas lejos del ruido, mas solitario. Vas a estar harto rato pedaleando entre montañas, por caminos muy poco transitados, quizá te topes con algunas vacas y caballos, yo incluso vi una huella de “gato” sospechosamente grande, ya saben de qué hablo. Colores increíbles, vistas preciosas, hasta salir al Camino a Farellones a la altura de Cometierra. Te recomiendo ir en estas fechas, especialmente ahora que salimos de buenas lluvias y la vegetación se ha abierto paso. Lleva mucha agua!

Como no soy un experto bajando por caminos de tierra, me ha tocado caerme. Varias veces. Afortunadamente me ha pasado casi exclusivamente en el cerro San Cristóbal, cerca de casa, y yo he salido bastante ileso, no así mi querida Sátiro. Destruí manillas de cambio, una pata de cambio, punteras, en prural. Sí, así como lees, le he dado duro (perdón bicicleta querida). Pero el cuadro de cromoly soporta eso y más, y la atención en Sátiro ante mis repetidos accidentes ha sido impecable. Siempre atentos y dispuestos a ayudar para que no deje de pedalear. No sé de ningún lugar tan comprometido con sus clientes, porque en Sátiro aman de verdad las bicicletas, como uno, como tú que estas leyendo.

Ahora, pasemos a otro tema en el que he ido adentrándome con mi Sileno: la ultradistancia. Ultradistancia, ciclismo ultra, o simplemente ultra. Suena intimidante, ¿no? Y lo es. Es posible que hayas escuchado de las brevets, si no es el caso, te cuento un poco: las brevets tienen su origen en Francia, a finales del siglo diecinueve. La versión original y la madre de todas las brevets comprende un recorrido que empieza en Paris, hasta llegar a Brest, y luego de vuelta a Paris. Este año fue su más reciente edición, de 1200 kilómetros. Estos desafíos de ultradistancia son autosuficientes y no competitivos, no premian primeros lugares ni quien llega más rápido a un “puerto de montaña”. Esta característica no competitiva da pié a un espíritu de mucha camaradería y apoyo mutuo durante el recorrido, que a la gran mayoría de quienes participan de estos eventos les inspira especialmente.


Mi debut en este mundo fue en marzo, con una brevet de 400 kilómetros titulada “Vuelta Coya” que originalmente estaba programada para febrero pero fue pospuesta por los incendios que azotaban regiones aledañas a parte del recorrido. Partimos a las 16:00 hrs el primer grupo, con un sol que no perdonaba un centímetro de piel descubierta, y nuestro primer desafío lo teníamos unos 40 kilómetros más adelante en la cuesta Mallarauco. Mi gran interrogante era el pedaleo durante la noche, porque sí, se pasa de largo arriba de la bici. Hay quienes duermen un poquito cuando los golpea el sueño, pero no mucho más de una hora, porque las brevets son una carrera contra el tiempo. Nunca antes había hecho algo así, no tenía idea sobre cómo me iba a sentir. Como a veces soy un tipo con suerte, todo salió bastante bien, la noche se convirtió de hecho en el tramo más amable de la ruta, donde se podía descansar del calor y bueno, lidiar con el frío me resultó un poco más fácil. Pude completar los 400 kilómetros a falta de 4 horas del cierre de la meta, un éxito total teniendo en cuenta que era mi debut. Quedé hecho bolsa, no creas que no, y mis dedos índice y anular quedaron dormidos por largas semanas.

Quedé con ganas de más, caí en las drogas duras, así que un mes después me anoté en otra brevet pero de 600 kilómetros. Qué te puedo decir, fue durísimo. Pedalear de día con 40 grados y de noche con 0º; subir cuestas durísimas con 500 kilómetros en las piernas, quedarse sin agua en un camino seco y sin ningún lugar donde re abastecerse. Subir cuesta Barriga con una rodilla con mucho dolor. Esta vez llegué a la meta faltando 45 minutos para el cierre. Fue épico, llegar junto a los amigos que nos apoyamos casi los últimos 200 kilómetros. Estaba feliz como hacía mucho, eufórico. Pero eso dura poco, porque una hora después baja la adrenalina y no puedes ni moverte. Mucha gente me miraba sorprendido al ver que corría con neumáticos tan anchos y de 650, ¡y eso que no tomaron la bici para sentirle el peso al cromoly! Pero se puede, con esta bici se pueden hacer muchas cosas. Tienes que atreverte.

En un par de semanas enfrento lo más duro que haya hecho, una carrera de gravel de 500 kilómetros con 6000 metros de desnivel positivo. Ya les contaré como me va y cómo se porta esta bicicleta.

¿Qué planes tienes tú con tu Sátiro? ¿Hasta dónde quieres llegar? Te leo en los comentarios!

Por @matimontro

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